miércoles, 24 de septiembre de 2014

FIEBRES Y CALENTURAS EN LOS VALLES DE ARAGUA; PRIMERAS DECADAS DEL SIGLO XIX

Escrito por: Nelly Guilarte Ugas

Para finales del siglo XVIII, se había generalizado con el nombre de Valles de Aragua toda el área oriental de la  cuenca del Lago de Tacarigua o  Valencia; comprendiéndose en esta  los antes llamado valles de: Aragua, Turmero, Cagua, Maracay y Tapatapa.  En los albores del siglo XIX cuando Humboldt pasa por estas tierras al describir al valle de Aragua señala: “… los riachuelos de los valles de Aragua forman un sistema particular y dirige sus corrientes  hacia una cuenca cerrada  por todas partes: no llevan sus aguas  al océano sino que se reúnen en un lago interior[1]

Los Valles de Aragua corresponden a la cuenca del Lago de Tacarigua; en esta zona se había asentado una numerosa población indígena desde tiempos inmemoriales con un importante desarrollo en los aspectos: culturales, religiosos y económicos, en este último destacan los relacionados a su economía productora de alimentos, donde se combina el cultivo principalmente de la yuca con la pesca lacustre y la caza;  por otra parte resalta el desarrollo de una compleja alfarería  religiosa y utilitaria[2].

Hemos querido presentar estos dos párrafos  preliminares a manera de precisión tempo-espacial;  apoyándonos en una premisa Braduelina “La historia es una dialéctica de la duración; por ella gracias a ella, es el estudio de lo social, de todo lo social, y por tanto del pasado; y también, por tanto, del presente ambos inseparables”[3]

Esta nota se ha escrito en el contexto de una fuerte y achacosa virosis que nos ha afectados casi todo de nuestro núcleo familiar, así  como  vecinos, allegados, conocidos  y desconocidos,  en este nuestro estado natal Aragua y en otras entidades (en menos proporción);   dicha enfermedad según los “expertos” es viral y  se le conoce con el nombre  “Chikungunya”[4]. Una gran diatriba y polémica se ha generado en torno a esta enfermedad dimes, diretes, acusaciones, chistes, sátiras y pare usted de contar, mientras caemos uno a uno.

Me ha parecido pertinente, presentar algunas breves consideraciones históricas sobre las epidemias febriles que azotaron a  los valles de Aragua  a finales del siglo XVIII; pero sobre todo en las primeras tres décadas del siglo XIX, he querido traer a nuestro presente  para quienes quieran  y puedan tomar un espacio de su tiempo en revisión algunos testimonios  registrados en la documentación de la época.

Lienzo del Pintor Francés Pierre Subleyras (Imagen ilustrativa)
Según las fuentes consultadas, las calenturas febriles epidémica  se presentaron en los Valles de Aragua causando grandes perjuicio y desolación  en la población en los años  de 1781, 1802. 1804, 1808, 1819, 1824. En la obra sobre el Licenciado José María Benítez, Fermín Vélez nos deja algunos argumentos al respecto “…a comienzos  del siglo XIX, fiebres en forma endémica atacaron las poblaciones de Aragua en los años de 1802 y 1804”,[5] razón por la cual fueron enviados los doctores en medicina  José Ángel Álamo[6], José Joaquín Hernández y Carlos Arvelo para tratar dichas epidemias; el primero atendió 5.000 enfermos y el ultimo 406[7].

En aquellos pasados años también  el tema de las calenturas endémicas causaban desasosiego  e incertidumbre en los pobladores, muchos atribuían la epidemia a las aguas pantanosas y pestilentes del Lago de Tacarigua y a sus constantes y largas  sequias “Los fuertes veranos y el desecamiento del Lago de Valencia también tuvieron consecuencias negativas sobre la salud de la población, desoladoras y recurrentes epidemias de pestes y calenturas se observaron a partir de 1781 extendiéndose hasta mediados del siglo XIX”[8] Humboldt manifiesta que las proximidades de la laguna  no son malsanas el problema se presenta en la época de grandes sequias.[9] En la memoria  que Carlos Arvelo escribe sobre la fiebre  intermitente en los Valles de Aragua señala que la epidemia que desde mayo a octubre ha exterminado cerca de seis mil individuos  “debe su origen  a la putrefacción vegetal que se verificó en gran parte de las orillas del lago de Valencia”[10]

El 11 de julio de  1808, el investigador Francisco José Iznardi[11] presentó en Maracay un informe con un conjunto de observaciones  sobre la fiebre en los Valles de Aragua; las autoridades responsables de la Dirección  de Renta del Tabaco  manifestaron su valoración y aceptación  de las opiniones esbozadas por Iznardi, al mismo tiempo manifestaron: “Todas estas circunstancias, al paso que hacen útiles y recomendable el trabajo que este profesor  ha dedicado  desde el principio de la actual epidemia en obsequio de la salud pública, nos hace representar á V.S. sobre la absoluta imposibilidad en que estamos  de asistir  solos al crecido número de enfermos  que comprende el distrito infectado”[12] Cuando se presenta este memorial habían 6.000 personas infectada de la calenturas estimamos que la población enferma alcanzaba casi al 20% del total de la población de toda el área ya que la población total no alcanzaba a los 35 mil habitantes.

La epidemia febril que afectaba  a las poblaciones de los valles de Aragua  desde  la Victoria hasta Guacara,  tenía sus orígenes en causas multifactoriales; según el citado informe se  resaltan: fenómenos meteorológicos, topográficos, la intervención antrópica del medio  y las paupérrimas condiciones socioeconómicas en las que viven los  peones labradores de las plantaciones de tabaco. El investigador hace énfasis en el régimen de lluvias, sequias  y los pantanos  que se producen en las adyacencias de la laguna “…y que debe ser una conseqüencia legitima que existiendo las mismas causas debe tener iguales efectos: es decir, que todos los años desde mayo hasta octubre deben esperarse en estos Valles  las mismas enfermedades en proporsión de sus causas, de la predisposición de estos habitantes y de la eficacia de los medios que se adopten para preservarlos o curarlos[13]

Al parecer  las autoridades coloniales  dictaron medidas de prohibición de cultivar en las tierras afectadas contiguas al lago; generándose un conflicto de intereses que se evidencia por las reacciones de varios hacendados protestando las regulaciones gubernamentales;  entre estos propietarios están: Don  Antonio Rodríguez Acosta, Don José Manuel García y Don Pedro Antonio Estevanott, quienes en mayo de 1809 consignaron ante el Teniente y Justicia Mayor del pueblo de Maracay  los pronunciamientos por escrito, protestando la prohibición de cultivar las tierras afectadas por el contagio de las calenturas.[14]

         Era endémica la situación que en estos valles se presentaba  por las calenturas que padecía la población; para  1819 se reportaron solo en el pueblo de Turmero 1.430[15] enfermos de la mencionada  calentura; cifra bastante alta  al considerar que la población de este pueblo se calculaba para entonces, en 4.200 habitantes lo que significaba que casi el 35%  de su población estaría infectada por la enfermedad.
         Los testimonios dado por unos labradores en un remitido de 1824, donde solicitan permiso para sembrar tabaco, describe  las condiciones de vida de los agricultores y retrata el panorama  pavoroso de las epidemias febriles “ Pero  no es el presente el mayor escollo la degeneración del terreno, es una epidemia voras que consume los tristes restos de población escapadas de los años anteriores… y si los muertos hablasen  aun, invocaríamos el incontestable testimonio  de las innumerables victimas que ella a inmolado en pocos dias"[16]

         La alarmante situación llevó a la municipalidad de Caracas a emitir sendos pronunciamientos; uno el 29 de mayo de 1825 y el otro el 6 de junio del mismo año; a continuación citaremos como referencia ilustrativa fragmentos de ambos:

El Acta de la Municipalidad  fechada  29 de mayo de 1825

El Sr Alcalde  primero  puso en consideración del cabildo los estragos  que había causado  la fiebre en los ricos y deliciosos Valles de Aragua: que la Junta de Sanidad, y este I. Cuerpo sin embargo de la compasión que sentía  hacia aquellos desgraciados objetos de la humanidad se encontraba sin facultades bastantes para socorrerlos, y auxiliarlos  en la triste  y fatal calamidad que los aflije y que solo la cooperación del Intendente podría tomarse una medida  pronta y eficaz para cortar el peligro del contagio  que amenaza  a esta población, por haber llegado la peste hasta los altos de San Pedro. Que esta medida era tanto más urgente, cuando que no estando nuestros pueblos  tan adelantados , podría  valerse el fanatismo  de esta causa natural  para propagar que era castigo del Cielo  por el cambiamiento del gobierno, y esto ser tantas otras armas  para los enemigos  empeñados siempre en derrocar el sistema: pero que aun sin esta consideración circunstancia de los lazos  de la naturaleza, y de la política  que nos ligan con aquellos pueblos”[17]

Fragmentos de otra Acta fechada  el 6 de junio de 1825

“…tomando nuevamente en consideración  el lastimoso estado en que se hallan los Valles de Aragua por los progresos que ha hecho allí la fiebre, y deseando tomar las previsiones  que estén a su alcance  para socorrer á los infelices enfermos, y evitar el contagio que amenaza a esta población,, hizo convocar á su sala al Sr, José Bentura Santana con el objeto de indquirir el destino que se había dado a la cantidad que produjo las subscripciones voluntarias  hecha entre los vecinos y el montamiento total de ella. A lo que contesto el señor Santana que en esta capital se habían recogido mil ciento sesenta pesos y en la Guayra  como trescientos y pico con cuyas cantidades enviar  tres botiquines , uno a la Victoria, otro a Cagua y otro a Turmero;…”[18]






[1] HUMBOLDT, Alejandro; Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente  Tomo III. Segunda Edición Ministerio de Educación. Caracas 1956. P. 77
[2] SANOJA,  Mario; El desarrollo de los sistemas de producción en la Venezuela Prehispánica en:   http://revistas.ucm.es/index.php/REAA/article/viewFile/REAA7878110055A/ p.  85
[3] BRADUEL Fernand; La Historia y las Ciencias Sociales. Alianza Editorial S.A Madrid 1968-1970  Impreso en España por Ediciones Castillo S.A p.115
[4] Según algunos artículos especializados y no tan especializados la enfermedad la transmite el zancudo llamado comúnmente tigre; sus síntomas aparecen supuestamente 3 días después de la picada del mosquito infectado; entre las manifestaciones del desarrollo de la enfermedad hemos sufrido de un brote  eruptivo que enrojece nuestra piel, cuadros febriles y dolores en las articulaciones; nos saca de combate y postra en cama, también nos ha producido agotamiento e inflamación de ganglios en el cuello,  en los estudios  químicos de laboratorio se presentan bajas las plaquetas y lo peor de todo, cuando  pensamos que hemos mejorado, recaemos con dolores, malestar y decaimiento general; esta descripción se hace en función de nuestra propia experiencia y de los testimonio  que hemos compartido de nuestros coterráneos que han padecido este mal.
[5] VELEZ BOZA, Fermín; El Licenciado José María Benítez, su contribución médica, científica y social (1790-1825. Biblioteca de Autores y Temas Aragueños. Gobernación del Estado Aragua. Maracay 1995. P 37 
[6] ZAPATA, Leonor; Médicos en la firma del Acta de la Independencia. Revista de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina Volumen 60 N° 1-2  Año 2011 en   http://revista.svhm.org.ve/ediciones/2011/1-2/?i=art12. P.212 José Ángel Álamo  nace en  Barquisimeto en 1774 se doctora en Medicina en 1802 en la Real y Pontificia Universidad de Caracas, participó en los acontecimientos independentistas, en 1811 aparece entre los que firmaron el Acta de la Independencia; también se le reconoce  ser fundador de la Sociedad Medica de Caracas.
[7]VELEZ BOZA, Fermín; El Licenciado José María Benítez, su contribución médica, científica y social (1790-1825.. P. 37
[8] GOMEZ CEDEÑO, Ysabel María; Pueblos de Doctrina y Propiedad Comunal Indígena en Venezuela: el Resguardo Indígena de Nuestra Señora de la Candelaria de Turmero, 1593-1870  P. 57
[9] HUMBOLDT, Alejandro; Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente. p.96
[10] Universidad Central de Venezuela  Boletin del Archivo Histórico/3 ediciones de la Secxretaria de la UCV Caracas 1984 p. 93
[11] ZAPATA, Leonor; Médicos en la firma del Acta de la Independencia, Revista de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina Volumen 60 N° 1-2  Año 2011 Ob. Cit. P 208 Iznardi natural de Turín Italia, en  Cádiz adquiere de  conocimientos  de medicina, llegó a América como funcionario  de la compañía de Indias; fue cultivador de café en la Guayana Holandesa de alli pasó a Guiria donde se establece como propietario  de hacienda con sus respectivas esclavitudes; sospechoso  de conspiración en contar de ,los intereses de la corona española razón por la que fue encarcelado; participó en los acontecimientos independentistas de Caracas, le correspondió la Secretaría del Congreso de 1811 hasta el 6 de abril de 1812
[12] Universidad Central de Venezuela Materiales para el Estudio de la Cuestión Agraria en Venezuela (1800-1830) Vol. 1 Tomo 2 Caracas 1964. P. 24 “Observaciones sobre la fiebre en los valles de Aragua,  hallado en el Archivo  de la extinguida Dirección de la Renta del Tabaco y mandado a publicar por la Intendencia republicana, en 1824, por considerarla de interés público” p. 27
[13] Ibídem p.24
[14] Ibídem págs. 30-31-32-33-34-35 y 36.
[15] VELEZ BOZA, Fermín; El Licenciado José María Benítez, su contribución médica, científica y social (1790-1825. p. 37
[16] Universidad Central de Venezuela Materiales para el Estudio de la Cuestión Agraria en Venezuela (1800-1830) Vol. 1 Tomo 2 Caracas 1964. Ob. Cit. P. 380
[17] Ibídem p. 432
[18] Ídem.